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Bill Muirhead vino de una zona rural del estado de Illinois a la región del Lago de Atitlán en el 2004 con un intenso interés en la vida diaria, trabajo, prácticas agrícolas, y costumbres de la gente maya que allá vive. Sus fotografías graban las vidas de los residentes del Lago de Atitlán, provenientes efectivamente de todos los pueblos que rodean el lago. A continuación hay fotografías y texto seleccionado de su libro a publicarse pronto, los señores naturales del Lago de Atitlán, el cual abarca ocho temas importantes de las culturas mayas en las orillas del lago.

El resplandor natural del Lago de Atitlán y los lugares circundantes ha inspirado a Aldous Huxley y otros a tildarlo como “el lago más hermoso del mundo”. Sin embargo, son los habitantes de la región, sus costumbres, colores, y ceremonias, y su carácter y rectitud asombrosos que le brindan al Lago de Atitlán una hermosura celestial. No sé si lo que dijo Huxley sea la verdad. Seguramente se pueden nombrar al Lago de Como o al Lago de Ginebra como sus competidores. Yo mismo, un niño granjero de Illinois, sigo aliado a mi propio Lago de Michigan. Pero lo que creo que hace indisputable su alegato es la riqueza de diversidad cultural de las muchas aldeas y caseríos que se ven alrededor del lago y salpicados en las montañas que lo encierran. La mera belleza y grandeza del Lago de Atitlán es su gente, los maya kaqchiqueles, los tzutujiles, y como resultado de las migraciones y colonizaciones posteriores, los quichés.
Por cuatro años y medio, he tenido el honor de fotografiar a los indígenas de la región del Lago de Atitlán. Mi enfoque es limitado al departamento de Sololá y partes de los departamentos de Quiché, Chimaltenango, Sacatepéquez y Quetzaltenango (Xela). Mi técnica es menos fotográfica y más bien social e interpersonal. Nunca retrato sin permiso. Siempre les doy copias de las fotografías a los modelos que aparecen en ellos. Raras veces pido permiso para sacar una foto. Lo que sucede normalmente es que una persona que me reconoce por mi fama, o que ya me conoce, me pide o hasta me obligue a fotografiarlo. Por eso, saco muchas fotos que no quiero sacar, pero mis modelos siguen sonriendo. Les regalo las fotos que deseen para recordatorios personales y familiares. Más tarde, nos encontramos en las siembras de cebollas, el cafetal, el mercado, o en una procesión, y me dan la oportunidad de sacar las fotografías que yo quiero.
Mis modelos se ponen felices cuando me acuerdo de sus nombres, donde viven, las siembras en las cuales trabajan, los mercados en donde venden sus productos, y las ferias de sus respectivos pueblos. Les agrada que yo llegue a las actividades que tienen importancia para ellos cuando esperan que así haga; así que cuando asisten a actividades en otros pueblos, también estoy yo; que cuando nos vemos, les pregunto por nombre sobre sus familiares y vecinos; y que cuando les prometo entregar fotografías, siempre lo hago, tarde pero seguramente. Entregar fotografías es más importante para mis actividades que sacarlas. Mantener feliz a la gente, respetarlas, ganar su confianza en grupo – ellos son mis habilidades, las que me dan la oportunidad para lograr cada vez mejores imágenes. Cuando la gente ve sus fotografías, se les aumenta la confianza, no sólo conmigo sino con ella misma también. Ve lo que yo veo. La gente me permite retratar libremente porque saben lo hermosa que creo que es y lo enriquecido que veo su cultura.
Un juez español del siglo XVI, Alonso de Zorita, redactó una breve y sumaria relación de los señores naturales de la Nueva España, con tal de describir la vida diaria y las labores en México poco antes y después de la conquista por los españoles. Dado que la amistad y el respeto son las bases de mi estilo fotográfico, quisiera pedirle prestado algo a Zorita. Le doy el nombre los señores naturales del Lago de Atitlàn a mi obra, para darles homenaje a mis modelos indígenas y su cultura y para reconocer que ellos son los reyes por naturaleza de la región. Expresado sencillamente, me caen bien los mayas, y espero que a ellos les caigan bien también.
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