Lords Of Atitlan


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Costumbre, Color y Ceremonia

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No pretendo entender la cultura maya, solo afirmo conocerla como amiga. La primera semana que pasé en Panajachel conocí a Maximón. Es el dios maya que sobrevivió la conquista disfrazado del santo católico San Simón. Una noche llena de estrellas yo entrè ante el altar del sacerdote maya Evaristo Rosales en Jucanyá (“al otro lado del agua”) satisfecho por el olor fuerte del copal. Listones de papel crepé y adornos en tonos pastel se tendían del techo. Gladiolas, crisantemos, y rosas llenaban y rodeaban el altar. Las imágenes de los santos se encontraban amontonados por el lugar: San Miguel Arcángel, San Antonio, San Lorenzo, San Marcos, San Judas Tadeo, Santo Domingo de Guzmán, el Cristo Negro de Esquipulas, Santa Cruz, y hasta el Afro-Peruano San Martín de Porres. Las paredes se abultaban con imágenes encuadradas de los santos.

No soy católico, ni religioso, entonces en este momento no sabía qué o quién estaba presente en el ambiente; para mí eran únicamente objetos y sensaciones, tantos que me daba vueltas la cabeza. Hoy conozco un poco más sobre los santos. Conozco sus días que se celebran con las ferias de los pueblos por toda la región, de los cuales son patronos. Asisto a sus ferias, y camino a la par de ellos en las procesiones. Además, aunque no dudo que sepan que no soy creyente, pienso que al menos somos conocidos.

Evaristo, nieto de Antolín Can Churunel, un chamán de poderes legendarios que falleció a los 95 años, defiende desafiantemente las religiones mixtas y católicas, el traje típico, y la cultura maya. Igual que el santo que ocupa el sillón de honor en su altar, Evaristo también conlleva controversia. San Simón era el único santo que estaba sentado. Además, se distinguía de los demás por su vestuario informal y su porte relajado. Usaba un sombrero de vaquero de la marca Stetson, saco, chaleco, botas, y lentes para el sol, y agarraba en la mano mando (bastón ceremonial que significa gran poder). Su piel era de color marfil, con las mejillas rojizas; su bigote, nítidamente arreglado; un cigarro se prendía de la comisura de sus labios. Metidos entre sus dedos había billetes de los EEUU y billetes de euro y de quetzales de varios valores. Había ofrendas de sus admiradores a sus pies: cristales de cuarzo, escombros de objetos de barro precolombinos y esculturas pequeñas, mangos, papayas, manzanas, cigarros, aguas gaseosas, cerveza, y todo tipo de licor. Supe de inmediato que era muy especial, un tipo
cool, un mero donjuán.

Maximón practica la magia blanca principalmente. Los visitantes le piden ayuda para sus negocios o con la cosecha del maíz. Ruegan su intervención en el clima. Le exigen componer relaciones rotas o buscarles un amor nuevo. Los feligreses le piden a Maximón buena salud o ayuda para liberarse de la droga o del alcohol. Maximón es un dios muy personal (un tipo de compañero de
jogging) así que no sólo le ruegan ayuda, le besan la mano o la mejilla, y le dicen palabras cariñosas. Lo maldicen, regañan, y escupen el suelo ante El. Lo hacen por buen motivo. Lo que pasa es que El no es precisamente perfecto. Como el dios maya que más se acerca a los seres humanos, tiene fracasos humanos. Es un mujeriego (aunque también el protector de mujeres), con frecuencia se pasa de las copas, y a menudo mima a sus amigos y seguidores excesivamente. Algunas veces se mete a la magia negra.

Con ello en mente, me porté de manera educada al no llegar sin nada en las manos. Siempre es mejor respetar. Me metí la mano a mi bolsa, y le ofrecí a San Simón la botella de ron Venado que estaba dentro. Evaristo me felicitó, diciendo que era la marca preferida de Maximón, le enseño la botella, la destapó, derramó el líquido en el suelo en la entrada del ambiente, en las cuatro esquinas, y en una línea recta ante el Santo. Las llamas de las candelas brincaban por el ambiente (un espacio de no más de 3 X 4.5 metros), lamiéndole a San Simón (quien lucía una sonrisa amable ahora) y haciendo sombras misteriosas en las paredes. Maximón es un tipo muy sociable. Le gustan las damas. Igualmente El les gusta a ellas. Y odia tomar solito. Sentado en el banco largo de la cofradía cerca de la puerta, consumiendo las sensaciones múltiples y un tanto de Venado también, me volví embriagado, sobre estimulado, y, sin querer, empecé a sentir la fuerza del lugar. Les di gracias, les di buenas noches, y salì borracho en la noche iluminada por las estrellas que brillaban más que antes. Volteando la cabeza para ver hacia atrás al altar, vi que Maximón me sonrió desde adentro tras la puerta abierta.

Tambaleandome por el Callejón Chotzité, jugaba con los pensamientos sobre el novelista brasileño Jorge Amado y su tratamiento juguetón de la religión mixta de su país, y del movimiento santería en Cuba. La magia creada por estas fusiones dialécticas de América, África, e Iberia se habían recreado para mí esta noche con un tinte algo diferente. Desde esta noche, he tomado a Maximón como un amigo fiel, y Lo he visitado en los altares, humildes y grandes, por todo el altiplano. A veces le llevo comida o licor; a veces, ropa y accesorios. Sin embargo, me han dicho varios sacerdotes mayas que a El le gustan mucho mis regalos, lo cual me hace sentir un orgullo extraño.

No hay lugar que supere al altiplano guatemalteco en lo que es ceremonias. El calendario religioso llega a su cima en Semana Santa, cuando efectivamente todos los pueblos de la república se encienden con color, y sus cielos son cargados de juegos pirotécnicos. Casi cualquier semana, sin embargo, algún pueblo en el área celebra su feria. El enfoque de cada feria es el día de su patròn y la procesión religiosa a su honor, pero las ferias tienen un aspecto no religioso también. Mientras las ferias religiosas normalmente tardan ocho días, menos tiempo en pueblos pequeños, los vendedores de comida, tiendas de juegos, y ruedas, sobre todo la Rueda de Chicago, pueden permanecer un mes o más.

Asociada con la mayoría de las ferias es la elección y coronación de la nueva Ruk Tinamit, la reina indígena del pueblo. La belleza no es el criterio principal para escogerla. Más bien, su carácter, servicio a la comunidad, logros académicos, conocimiento de la cultura maya y la religión católica, y su habilidad para comunicarse en su dialecto materno son las bases con las cuales se escogerá. La coronación es un verdadero espectáculo. Reinas jóvenes y exóticas de todo el país llegan para despedirse de la actual Ruk Tinamit, y para darle bienvenida al reino de la nueva. Hay bellezas asombrosas vestidas de los más exquisitos trajes ceremoniales que los pueblos pueden producir. Prendas complicadas en las cabezas (cintas, tocoyales, y coronas talladas de madera) adornan sus caras espléndidas y radiantes. Los huipiles que requieren meses de trabajo por tejedoras hábiles llegan hasta debajo de las rodillas. Las bandas en sus pechos identifican sus pueblos. Meneandose rítmicamente y sensualmente al compás de melodías indígenas que se repitan una y otra vez, bailan sin cansarse toda la noche con una gracia adecuada a la diva. Flores tiernas, son un ejemplo de sus pueblos y una fuente de orgullo para toda la nación.

La música y el baile son centrales a las ferias mayas. Pares de chirimía y tambores encabezan las procesiones. Bandas pequeñas de instrumentos de viento vienen atrás. La marimba les acompaña a los pasos de los bailes. El baile de los mexicanos y el baile de los negritos comparten el tema de emborrachamiento. El baile de los toritos se incorpora en el baile más popular y más interpretado en el mundo maya, el baile de los conquistadores (que también se conoce como moros). Este baile relata el cuento épico de la conquista de Guatemala por Pedro de Alvarado y su banda desorganizada de marineros estremaduranos bruscos e ignorantes. Ellos, igual como los gringos que hoy en día se reinventan en Guatemala, se elevaban a nivel de hidalgos (hijos de alguien) en el Nuevo Mundo. Cuando los conquistadores levantan sus máscaras luciendo barbas largas y blancas en las pausas del baile, se revelan tez color café obscuro, narices angulares, y ojos con forma de almendra. Las mujeres morenas luciendo huipiles ceremoniales coloridos, con cabello negro y abundante cayendo sobre los hombros y caderas se van corriendo para darles un abrazo y un beso en la mejilla a sus esposos conquistadores. En las procesiones, caminan de la mano con sus hijitos de escasos años, que también se visten de conquistadores. Así, a la par del baile de los conquistadores, se recuenta la historia de la mestización de Mesoamérica.

Junto con los convites (bailadores) tradicionales hay algunos algo absurdos que bailan en los campos de feria y cerca de la iglesia pero nunca en las procesiones. Visten disfraces que parecen haberse fabricado en Hong Kong, y hay un sinfín de personajes: vikingos, bárbaros, chinos de antes de la época de la república, cavernícolas con huesos en las narices, y miembros del grupo de rock Kiss. Piolín baila el paso
country a la par de Silvestre el Gato. Al Sharpton baila con el promotor del boxeo, Don King. Michael Jackson hace el paso lunar solo. Bill Clinton y George Bush hacen un baile sensual, amarrados en un tierno y lánguido abrazo.

Antes, cuando se representaban las mujeres en los bailes (como en el caso de la Maruca, la María, en el baile de los mexicanos), los intérpretes normalmente eran hombres. Un fenómeno reciente es el de los convites mujeres. Su encanto es peatonal y algo obvio. El baile de los convites femeninos provee la oportunidad, bajo la anonimidad de la máscara, para que la intérprete luzca, y el público vea, grandes partes de piernas que en otro momento van tapadas por el corte. Felizmente, son piernas formadas por las largas caminatas por las montañas bajo la carga de mucho peso.

Mi motivo para caminar con los católicos no tiene nada que ver con la religión. Es que me hablan, me saludan, y me preguntan cómo estoy. Cuando llego a sus actividades, me tratan como invitado de honor, me invitan a compartir sus platos y bebidas ceremoniales, me golpean el hombro (cuando salgo de Patzún, me duele el hombro) y me dan gracias una y otra vez por haber venido. Los católicos me dan un sentido incondicional de comunidad sin exigir que crea lo mismo que ellos.





Capitulo8

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