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El departamento de Sololá cuenta con 19 municipios. Tres – Sololá, Concepción, y San José Chacayá – tienen la cultura y el traje idénticos. Santa Catarina Ixtahuacán y Nahualá también comparten su traje y cultura. Los 14 municipios restante tienen trajes y rasgos culturales distintos, lo cual le da a la región del lago su aspecto metropolitano.
Calles de piedra caliza, concreto, y adoquín ahora comunican a aldeas y caseríos alrededor del lago que antes estaban aislados. Otros caminos antiguos sobreviven en perfecto estado, mantenidos por los granjeros mayas, en muchos casos durante siglos. Cruzan y pasan en paralelo a las carreteras principales, conectando las casas con las siembras, mercados, y pueblos vecinos dentro y fuera del municipio y del departamento, como ha sido durante los siglos. Para entender la cultura y la vida diaria maya, para entender la interrelación entre los pueblos y las familias, hay que caminar estos senderos. Hay muchas maneras de entrar y salir de cualquier pueblo.
En el camino, se pueden ver granjeros cultivando la tierra, sembrando, y cosechando en las siembras, mujeres y niños limpiando las malas de las siembras de verdura con palos largos, y hombres y mujeres subiendo las montañas bajo la carga de grandes pesos de maíz y otras hortalizas en la espalda. Hay familias sacando, cortando, recogiendo, o cargando leña, y las mujeres caminando hacia el mercado con los bultos coloridos en la cabeza.
El Domingo de Gloria (12 de abril) había abandonado Patzutzún tarde, con fotografías que tenía que repartir y muchas otras que me habían pedido sacar. Patzutzún casi colinda con Panimaché (Chichicastenango, Departamento de Quiché) pero su cultura y vestuario son puramente los de Concepción, pues es parte de este municipio. Una manera de acercarse a Patzutzún es desde abajo, primero descendiendo de Concepción por las siembras de cebolla hasta llegar al Río San Francisco. Cruzando un puente pequeño de cemento, se sube recto por la montaña hasta llegar a una mesa con ocho hogares y una escuela, caserío Chuitziyut. Subiendo de nuevo con muchas vueltas, se llega a un sendero estrecho entre cañones altos. Éste llega a Patzutzún, a los caseríos Chui Solís y Panucá, y luego se sube para arriba hasta llegar a la carretera Panamericana. Frecuentemente voy por este camino, para un giro por todo el municipio, pero es arduo, entonces viernes (el 17) decidí caminar hacia abajo.
Bajé de la Masheñita, una camioneta que iba rumbo a Chichicastenango en la entrada de Panucá, y empecé a descender. Dos maestros de Sololá me ofrecieron jalón en su picop. Me preguntaron qué hacía por allí. Les dije que había llegado para repartir y sacar fotografías. Me habían avisado que las personas desconocidas no les caían bien a los indígenas por allí, ni les gustaban que se sacasen fotografías. Les dije que nunca saco fotografías sin permiso, y, como siempre les doy copias a los modelos, normalmente cuento con permiso. También les dije que todo el mundo por allí me conocía y me querìa; de hecho me sorprendía que ellos no me conociesen. Los maestros se detuvieron antes de llegar a la escuela de Patzutzún para hablar con un amigo mío, Mario. Tenía fotografías para entregarle a su familia, pues les di gracias, pedí permiso, y empecé a repartir fotografías a la familia de Mario y los vecinos que se acercaron al vehículo. Los maestros rieron mientras arrancaron pues no me habían creído cuando dije que era bien conocido en Patzutzún.
Llegué temprano y saqué fotografías que me pedìan todo el día sin descansar. Nunca llegué a Chuitziyut y no pasé por Panucá hasta la puesta del sol. La gente seguía llamándome pidiendo más fotografías mientras caminé por los maizales baldíos hacia el bosque de pino y el cafetal abajo. Estaba oscureciendo, la memoria de mi cámara estaba llena, el descenso cuesta abajo, y en algunos lados era estrecho; por eso me apuré, llegando a la finca Santa Victoria cuando entraba la noche. Al momento de salir de la finca y poner pie en la carretera debajo de Patanatic, la Mendoza se paró como si le hubiese pedido llegar en este momento. Subí, choqué la mano con el piloto que me cae mejor que todos en la tierra, y dentro de unos minutos me encontraba en Pana. Había sacado 803 fotografías este día, y muchas eran algo buenas. A continuación hay algunas.